jueves, 19 de noviembre de 2015

UN NUEVO ENFOQUE HISTÓRICO-ARTÍSTICO DE SANTO ADRIANO DE TUÑÓN



      En un diploma de enero de 891 Alfonso III y la reina, Jimena (de Pamplona) concedieron bienes y privilegios al monasterio de Tuñon, en lo que parece ser un acto fundacional. Sin embargo, un pasaje del diploma (que consiste de una copia posterior) parece presentarles como benefactores de un monasterio ya existente, para subvenir a sus eventuales necesidades materiales y espirituales. Esta circunstancia podría explicar la ruda construcción de la iglesia, comparada con iglesias reales como San Salvador de Valdediós, o alternativamente que aquélla fue debida a la rapidez de la obra para que fuera consagrada el año siguiente. En 894, parece que los reyes hicieron una segunda donación. Entre sus numerosas donaciones a la Iglesia solamente fueron destinados dos para fundar otros monasterios: el de Sahagún y uno cerca de Zamora.

Santo Adriano desde su cara sur


      Las donaciónes (excluyendo las interpolaciones posteriores) consistieron de dotaciones de villas y iglesias, y de 23 siervos, del territorio de Tuñón (equivalente al concejo actual). Aunque situado muy cerca de la calzada romana de La Mesa, de un yacimiento paleolítico y de dos castros, los terrenos estaban enfangados por las crecidas fluviales, que requerían estrategias complejas y jerárquicas para su adecuación humana.  Asentado en un espacio improductivo y relativamente despoblado, el monasterio de Tuñón, fue una punta de lanza de penetración estratégica. En un intento de preservar la zapata de la iglesia de la circulación de agua y evitar excesiva humedad de la zona, los constructores pegaron al lienzo del muro de la iglesia, con una base compacta de argamasa, una serie de piedras de gran tamaño, encontradas en las excavaciones de 1989 (una técnica empleada también en Valdedíos)

      Tuñón controlaba el punto de llegada al valle de Trubia del camino que partía a Oviedo y la dotación de propiedades reales aglutinaba las nuevas unidades de población y los poderes locales. La iglesia actuaba como emblema de la autoridad real sobre el territorio y tenía un papel pastoral y de necrópolis. Aunque fue denominada como monasterio, la diferencia entre monjes propiamente dichos y clero regular era prácticamente inexistente en este periodo y la vida monástica tenía todavía contornos poco definidos, reduciéndose en la práctica a cenobios de clérigos y laicos.

Hastial este


      Aún siendo una iglesia relativamente modesta -en comparación con las iglesias palaciegas- Tuñón hubiera dado una gran impresión, en comparación con las pequeñas iglesias de las villas mencionadas en el diploma (Sta. María de Arbazal de Villaviciosa, la única capilla aldeana conservada
Ventana ajimezada
de la época, es bastante más pobre). Tenemos que imaginar el impacto de la decoración por completo de pinturas, los velos colgados desde una viga apoyada por las impostas del arco triunfal, ocultando el Santuario en determinados momentos, los candelabros, cálices, lucernas, cruces, coronas, el olor de los perfumes, los preciosos libros litúrgicos, todos donados por Alfonso (aunque no hay certeza total que estos figuren en el diploma original), y los clérigos enfundados en su rica vestimenta celebrando continuamente el rito hispanovisigodo, detrás del cancel, todo gracias a las rentas de las propiedades donadas.

      Tuñon fue consagrada (según una nota incorporada en una copia más tarde del diploma) en 892 a los santos Adriano y Natalia por Nausto, obispo mozárabe de Coimbra durante 45 años; Sisnando, obispo de Iria Flavia-Compostela, y Ranulfo, obispo de Astorga, y también muy cercano al rey. Posiblemente Nausto pasaba estos años en la corte de Oviedo, porque Coimbra estuvo en manos de Bermudo, hermano rebelde de Alfonso. Hermenegildo, obispo de Oviedo, no figura en el acta, aunque es confirmante de la donación, como tampoco asistió a la consagración de Valdediós en 893, de la nueva catedral de Compostela en 899, o de la iglesia real de Gozón. Esto podría indicar su resentimiento por las influencias mozárabes en la corte de Alfonso, o del gran apoyo de éste a Sisnando (que antes fue abad de Liébana y luego su capellán) en promocionar Compostela. Samuel, el primer abad de Tuñón, era mozárabe también, y es muy verosímil que en 883 actuó de mediador en la embajada de Dulcidio de Toledo a Córdoba, que consiguió del emir, Mohamed II , el traslado de los cuerpos de los santos Eulogio y Leocardia a Oviedo, y por lo cual Alfonso III le puediera haber premiado con el abadengo. 

Templo de tres naves



      Los mozárabes vivían en un ambiente apocalíptico y de exaltación, reflejado en una crónica de 883, que algunos atribuyen a Dulcidio, que anunció, basándose en la profecía de Ezequial, la pronta aniquilación de los musulmanes por parte de Alfonso, y textos como los de Roda (876), que anunció el cierre de la Sexta Edad del Mundo, y por lo tanto el Apocalípis, en al año 900.  Según la historia del obispo Guillen de Verdemonte “en el año de fundación de Tuñón, 891, hubo un terremoto en España y los truenos y la tempestad fueron tantos que cristianos y moros entendieron que perecerían”.

      En un momento de consolidación del Reino (que por entonces se extendía a las orillas del Duero, del Pisuerga y más abajo del Mondego), el monasterio de Tuñón fue concebido por Alfonso como monumento conmemorativo de la derrota definitiva de Munuza en Olalies, Proaza, cuando huyó de las tropas cristianos hacia La Mesa. Sin embargo, con su acostumbrada humildad espiritual, Alfonso se tituló en el diploma “siervo de Dios” (en lugar de gracia Dei rex). Esta ideología apocalíptica y triunfal queda reflejada en las pinturas de Tuñón, como veremos a continuación.

      Luego, con la marginación política de Asturias Tuñón decaía y en 1094 el obispado de Oviedo lo absorbió a su señorío, seguido por una restauración y segunda consagración en 1108 (según la lápida en la arquería meridional de la nave central), convirtiéndolo en canonía rural. Fue necesario que recibiera nuevas dotaciones de Alfonso VI, extendiendo sus propiedades hasta dos iglesias de Villaviciosa (Morvis y Camoca).  En 1398 el obispo, Guillen, viéndolo desamparado otra vez, efectuó otra restauración y entregó su gobierno a la familia Quirós.

      El largo tramo occidental fue añadido en 1108 y 1407 (y el nuevo cuerpo de la nave a los pies, el imafronte; y el remate de la espadaña en los S XVII y VIII). Por lo tanto el edificio original ocupaba algo más que la mitad de la superficie actual, contando con un pórtico con dependencia encima y dos dependencias laterales. Como en otras iglesias asturianas, existe una cámara alta supraabsidal con ventana ajimezada, inaccesible y oculta, aunque en la actualidad visible desde el interior, debido a las reformas. También tenía dos cmaras laterales, de las cuales se conserva una. Salvo las capillas abovedadas de la cabecera (la parte maás original del edificio actual), los cubiertos eran de madera (de los cuales se conserva un trozo decorado con una incisión circular), y el aparejo era de simple mampostería de piedra toba, un material inadecuado, pero reforzado por una armazón de madera en su interior, siguiendo una técnica cordobesa. La iluminación también era inadecuada. Tuñón representa una simplificación máxima del esquema arquitectónico de la época de Alfonso II, indicando tal vez que en las comunidades rurales se mantuvieran una sencillez y un conservadurismo de construcción a lo largo del siglo IX.

      Los pilares de la nave carecen de capitel, imposta o de basas. Los capiteles del arco de triunfo, de hojas de acanto y estilizados nervios son de alrededor del siglos IV a V, posiblemente con pintura original; y, probablemente, los fustes fueran reaprovechados por ser de granito.        Durante la restauración de 1950, efectuada por Menéndez Pidal, fueron descubiertos dos fragmentos de las placas marmóreas del cancel que originalmente separaba el coro de los clérigos de los laicos. Uno (ver foto a la izquierda), que falta la parte superior y que se perdió por completo durante las obras, representa de forma estilizada el Árbol de la Vida y a los dos lados palmetas con folículos corazonadas y tallos con hojas serpeantes, motivos que se encuentran en las placas de cancel de la restauración alfonsina de San Miguel de Lillo y en las de San Miguel de Escalada (913), y en los capiteles del pórtico sur de Valdedíós. El otro fragmento pequeño de estos motivos, que son de origen bizantino y que quizás proceden de la Mérida visigoda, se encuentra en la cámara sur de Tuñón.

Las Pinturas

      Los escasos fragmentos conservados en la capilla mayor, encontrados en la restauración de Menéndez Pidal después de levantar cinco capas de revocas posteriores, son ricos en comparación con la escultura, a pesar de sus defectos formales y técnicos y de su estado actual de deterioro.  En las tres paredes, y a modo de línea de imposta fingida, un friso se compone de un motivo de tallos y ramas entrelazadas, alternando con capullos de rosa de color rojo púrpura y amarillo oro. Es un motivo del arte islámico (encontrado en la gran mezquita de Kairuán S IX y en Medinat al-Zahra, 936-76), de prototipo probablemente sasánida, aunque también se encuentra en el mundo mediterráneo en general (por ejemplo el sarcófago de Itaco en la catedral de Oviedo), y aparecerá de nuevo en el románico (por ejemplo, la cruz de Mansilla de la Sierra,1109). 


      Encima del friso figura una simulación de almenas escalonadas, de color rojo y amarillo alternativamente, que no encuentra analogías en España (aunque una simulación en orfebrería figura en la arqueta de San Genadio donada por Alfonso a la catedral de Astorga). Las almenas remiten en su forma básica a las de la Puerta de San Esteban de la Mezquita de Córdoba (855-6); las dos que figuran sobre la espadaña y línea de cubierta de Valdediós son copias mas exactas. Las almenas de Tuñón, en cambio, son más anchas que largas, carecen de entrante bífido y llevan decoración, aspectos que siguen los modelos de los palacios omeyos de Jirbat-al-Mafyar (Palestina 743) y Samarra (Irak 838), modelos que podrían haber figurado también en la arquitectura cordobesa de los S VIII y IX y que aparecen en las almenas de Medinat al-Zahra. Según Bango Torviso las almenas importadas en el ábside, que en las mezquitas representan la fortaleza simbolica del Islam, tienen el propósito de representar, y de oponer a ésta, la fortaleza de la ciudad santa del Jerusalén Celeste del Apocalípsis (tal como en Valdediós), coronadas por las tres cruces que figuran encima. La decoración del interior de las almenas, consistente de un arco poliolobulado que recoge un arco de herradura y de diminutos semicírculos, podría reforzar esta imagen de ciudad.


      Probablemente entre las dos estrellas pintadas en el testero figuraba una cruz para completar las dos cruces con astil procesional que figuran en los otros muros, una combinación inusual que puede ser una reminiscencia de su función apotropaica en los santuarios de iglesias coptas y capadocias de evitar las malas influencias. Se parecen a la Cruz de la Victoria por estar resaltados por espolones semicirculares y por la larguera mayor del brazo inferior. De los espolones de la cruz del muro meridional brotan dos antenas curvadas en espiral hacia el interior, otro motivo de origen andalusí. En cambio, en la franja que enmarca la ventana y en los ribetes de las hornacinas (puestas para guardar las credencias) figura un motivo más tradicional, compuesto de círculos concéntricos separados por haces de finas y alargadas hojas, que aparece también en las arquerías de las capillas mayores de San Julián de los Prados y de Valdediós, y en la nave sur de Lillo. (Una representación estilizada de lo que podría ser finos y sinuosos tallos también figura en la nave de Tuñón). Las estrellas que figuran a cada lado de la ventana representan el So,l a la izquierda, y la Luna, a la derecha. En la teología visigoda y de los Padres de la Iglesia Cristo representa el Oriente, el Sol que ilumina a la Luna, que es su Iglesia. Son testimonios de la dimensión cósmica que alcanzó la Pasión y Resurrección, estrechamente vinculados al sacrificio eucarístico y a la apocalíptica, evocando el Sol la ultima venida de Cristo en majestad. Se encuentran representadas de forma idéntica en iglesias paleocristianas del S IV, pero luego no aparecen hasta Tuñón y el Beato de Girona (S X). 



      En las pinturas del ábside de Tuñón predominan los repertorios andalusíes, que se combinan con otras tradicionales del Norte, heredados de la Antigüedad Tardía. Pudieron acudir al entorno de Alfonso un taller conocedor de estos repertorios, que utilizaba una unidad de medida distinta a la de la fábrica de la iglesia (según una línea grabada encontrada). El taller podría haber incluido gente arabizada, que no observaba ninguna religión, quizá traídos por Samuel, o de árabes-bereberes, algunos cristianizados, asentados en la cuenca del Duero, o de tránsfugos del emirato. Las fronteras eran permiables y incluso operarios del Norte se fueron a trabajar en Medinat al-Zahra. De conseguir su presencia en Tuñón, y de permitir que se utilizaran repertorios andalusíes por fines ideológicos cristianos, seguramente fue debido al patronazgo real.

Texto: Michael Wilkinson. Canterbury (Inglaterra)
Fotografía: Javi Pelaz y Michael Wilkinson

Bibliografía:

Gema Adan y Carmen Cabo: La necropolis medieval de S. Adriano de Tuñon, III Congreso de Arqueologia Medieval Españo
Isidro G Bango Torviso: El verdadero significado del aspecto de los edificios. De lo simbólico a la realidad funcional. La iglesia encastillada. Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte (UAM), IX-X, 1997-8
Luis Caballero Zoreda y Eduardo Rodriguez Trobajo: Las iglesias asturianas de Pravia y Tuñon. Arqueologia de la Arquitectura. Anejos de AEspA LIV, 2010
Martin Carrillo y Alderete, obispo de Oviedo: Teatro Eclesiástico de la Santa Iglesia de Oviedo (1735)
FJ Fernandez Conde, Enciclopedia del Prerromanico, Asturias, Tomo I
F J Fernandez Conde y Mª Antonia Pedregal Montes;
Evolución Historica del territorio de Santo Adriano y genesis del poblamiento medieval, en Studia historica, Historia medieval 16, 1998,.
Historia de un territorio en los siglos de transición, en Asturiensia Medievalia 8, 1995
Cesar Garcia de Castro Valdes: Arte Prerrománico en Asturias
Ivan Muñiz Lopez: Principios de formación y transformación del poder; el señorío monástico de Santo Adriano de Tuñon, (S IX a XVIII), en Territorio, Sociedad y Poder, Nº 7
Vidal Madrid Alvarez, en Origenes: Arte y cultura en Asturias, S VII a XV, VV AA
Lorenzo Paramo Arias:
Prerrománica Asturiana. El arte de la Monarquia Asturiana.
Enciclopedia del Prerrománico  Tomo II
La pintura mural en el Reino de Asturias en los siglos IX y X, 1999
Basilio Pavon Maldonado:
Sobre el origen sirio de las almenas decorativas hispanomusulmanes, en AL-Andalus No1 1969;
Las almenas decorativos hispanomusulmanes: Cuadernos de Arte y Arqueologia, 1986
Mireille Mentré El estilo mozarabe (La Peinture Mozarabe).
Manuel Risco, España sagrada. Tomo 37 (1789)
   

Otras fuentes:
Pablo López Gómez, arqueólogo y guía-intérprete de La Ponte-Ecomuséu


domingo, 8 de noviembre de 2015

COLEGIATA ROMÁNICA DE SAN PEDRO DE TEVERGA





      Durante el siglo XI se manifiesta en Teverga una febril actividad constructiva debido en  parte quizás a la facilidad de comunicación con la Meseta a través del Puerto de Ventana y del Camino Real de la Mesa, antigua calzada romana por donde a buen seguro se intercambian conocimientos y un nuevo modo de construir: el Románico. La colegiata de San Pedro y el monasterio de Santa María de Villanueva mantienen aún su estructura original, aunque muy reformada ésta última. Se conserva la lápida fundacional fechada en 1036 de un tercer templo, el de San Miguel, y aunque no ha pervivido estructura alguna,  tal inscripción, aporta el único dato alusivo a fechas de fundación, ya que de los otros dos existen referencias documentales pero en fechas posteriores a la construcción. El “Libro Codo” del templo aporta valiosos datos para la datación de San Pedro al indicar una fecha, 1069. El epitafio de Fernando, personaje que lucha junto a Alfonso VI en Toledo, es trasladado tras su muerte a Teverga en 1076. A finales del XI aparece como monasterio particular en numerosos documentos de donación al obispado ovetense, de quien depende al haber adquirido rango de Colegiata.



       La estructura del templo presenta aspectos que dificultan su auténtica datación, tomando como acertada la fecha de 1069 no sorprende reconocer bastantes similitudes con la arquitectura prerrománica en proporciones y planta, pero otras características puramente románicas del edificio dificultan esta cuestión. Algunos estudios consideran que se trata de un ejemplo de transición entre el prerrománico y el románico o como ejemplo de templo de un románico incipiente, pero que utiliza ya soluciones importadas de Francia e Inglaterra. Su estructura arcaizante, aunque románica por cronología, no resulta sorprendente en cuanto se haya construido aprovechando muros de un edificio prerrománico anterior, práctica habitual en Asturias en el siglo XI por aprovechamiento de cimientos y muros más antiguos o por continuidad de un estilo.




       La primitiva cabecera reaparece en las excavaciones realizadas en 1981-82 confirmando su similitud con San Salvador de Valdediós particularmente, planta basilical de tres naves y tres capillas con testero recto, y porche a los pies, éste de mayor envergadura que los precedentes posiblemente con función funeraria. Consta de tres naves separadas por vanos de medio punto, sólo la central comunica con el templo y en origen a través de una puerta, separando dos espacios de distinta funcionalidad, de modo similar  al panteón ovetense de Santa María y se mantiene en el templo más próximo por cronología y esquema general: San Juan Bautista y San Pelayo de León reconstruido en piedra por Fernando I y Doña Sancha. La tribuna superior al porche de San Pedro de Teverga es de época moderna y su construcción altera las cubiertas del panteón, cubriendo una bóveda escarzana la central y viéndose menos alteradas las laterales, que aún apoyan en impostas de tacos. Las naves presentan la misma estructura común al templo leonés mencionado con anterioridad; debido al espesor de los muros el cuerpo del templo sobresale al exterior. Una reforma en el siglo XVII altera en su totalidad la cabecera del templo, despareciendo arcos de triunfo y capillas.




       Las naves se hallan separadas por amplios vanos de medio punto, cuyos elementos sustentantes, una columna exenta al centro, un pilar cuadrangular a los pies y cruciforme a la cabecera, difieren del prerrománico de Valdediós, aunque se mantiene la tendencia a destacar en altura típico de la “época ramirense” y aún destacable en Valdediós. Los pilares cruciformes característicos del nuevo estilo no se emplean en  este lugar por primera vez en Asturias, existen en el Panteón de San Pelayo, siendo una peculiar característica del templo tevergano las columnas pareadas del arco triunfal, al modo de algunos lugares clave del románico pleno hispánico como Frómista (1066), Silos o Jaca (1080). De confirmarse alguna relación con estos edificios la cronología sería ligeramente posterior.



       Claramente románica es la cantería. Las ventanas originales fueron modificadas, sólo mantiene su aspecto original la meridional del porche y la portada Sur, adintelada y con arco de descarga. Una peculiar característica más propia de modos de hacer anteriores en el tiempo es la sencillez de la talla, especialmente notoria en los capiteles del porche, aunque podrían atribuirse al mismo taller que los de la nave y los canecillos, y que encuentran paralelismo en Leyre y Cardeña, así como en las primeras obras románicas de Borgoña, el Rosellón o Inglaterra (castillo de Durham). El legado astur queda patente en las basas sogueadas de las columnas  del porche, y en las incisiones paralelas de las impostas de los pilares occidentales de la nave central.


       En cuanto a los motivos zoomórficos, los cuadrúpedos con el rabo sobre el lomo muestran paralelismos con algún capitel de San Pelayo de Oviedo, los caballos se asemejan a los de la excepcional pila bautismal de Santa María de Villanueva. Las figuras antropomorfas del porche son ejemplo del renacer de la incipiente escultura figurativa que caracteriza el arte románico del mismo modo en que aparecen esbozos similares an algunos lugares de Francia, sin que ello implique una influencia directa.
       Resultan sumamente enigmáticos los dos capiteles de las columnas exentas de la nave, de forma troncopiramidal y tallados de la misma pieza que los collarinos, carentes de ornamentación, y ábacos, de éstos, el del lado del Evangelio luce rosetas inscritas en círculos como la imposta del pilar contiguo occidental, y al lado de la Epístola lacerías vegetales. Las figuras del capitel ocupan superficies y esquinas, donde sorprenden al visitante unas extrañas figuras de dos cuerpos monocéfalas de escasa expresividad en sus rostros pero gran dinamismo. Los capiteles imposta de los arcos fajones de las naves laterales fueron elaborados con técnicas similares. Un cuadrúpedo con cabeza de oso bajo un arco fajón se repite en los capiteles de la nave y los canecillos exteriores. Una gallinácea sólo aparece en este lugar pero tiene paralelismos con otro de Santa María de Villanueva. El  relieve de las figuras es muy aplanado y los pequeños rasgos se marcan mediante incisión.
      Los capiteles del porche se decoran en la cara occidental y oriental con esquemas vegetales, y a los lados Norte y Sur con animales de la fauna del entorno, serpientes, caballos, palomas, felinos… El caballo, representado cinco veces puede relacionarse con el sentido funerario de tal emplazamiento, como en los edificios del ámbito funerario del cristianismo primitivo. Una paloma sobre el caballo y la serpiente en la imposta representan el triunfo sobre la muerte y la vida del más allá: el caballo como victoria, la paloma como alma que asciende resucitada y la serpiente en su versión positiva de símbolo de resurrección por su capacidad de renovar la piel.  Las rosetas y estrellas junto a otros caballos pueden ejercer una función meramente ornamental de rellenar espacios, pero los símbolos solares aparecen muy pronto en el cristianismo como fuente de luz y eternidad.


      Una de las figuras orantes de los capiteles exentos del porche eleva los brazos hacia lo alto, lo que es frecuente en estas representaciones, la otra cruza las manos sobre el pecho. Las palmas que rellenan la superficie del capitel son a su vez símbolos de inmortalidad, así como los peces de nacimiento y regeneración. La representación de los opuestos tan común en el románico se observa el capitel del cuadrúpedo con cabeza de sapo frente a uno de los orantes. Al otro lado un felino de aspecto monstruoso y en posición de pisar la cruz.
       En los capiteles de la nave alternan humanos y monstruos portando tal vez un mensaje de difícil interpretación en nuestros días, representados los estamentos de la sociedad feudal, nobleza guerrera y pueblo campesino. Tal vez danzas y luchas rituales que enlazan con creencias mágicas del momento.
Texto y fotos: Cristina Sánchez. Gijón
                             Bibliografía:
                           “ El Románico en Asturias”. Mª Soledad Martínez Alvarez. Ed. Trea.