lunes, 1 de junio de 2015

COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE ZAMORA



HISTORIA


      Alzada sobre un espectacular promontorio sobre el río Duero, los remotos orígenes de Toro ven la luz en los yacimientos arqueológicos datados de la segunda Edad de Hierro. Los sillares almohadillados reaprovechados en el puente mayor a finales del siglo XII ofrecen pistas de romanización. No existe documentación escrita de época visigoda, Toro entrará en la historia a comienzos del siglo X cuando Alfonso III organiza la defensa de la frontera meridional del reino astur erigiendo varias plazas fuertes contra Al Andalus. Toro, Zamora, Simancas, Dueñas y los Campos Góticos son territorios que dicho rey ordenó repoblar, desempeñando tal misión su hijo el infante don García, según la Crónica de Sapiro, que aparte de personal norteño empleó a mozárabes, como puede deducirse de algunos vestigios hallados  en capiteles y fustes que han llegado a nuestros días. Nada queda ya de las fortalezas levantadas por aquel entonces, pues el material de tapias terreras no ha resistido el paso del tiempo, pero la configuración del núcleo urbano revela su antiguo trazado, así como sus puertas definen la orientación del recinto que Fernando II de León ordena construir más tarde en hormigón de cal y canto rodado que aún subsiste en pie en grandes tramos.


      Toro, al igual que su vecina Zamora, no resiste impoluta los ataques de Almanzor. Tras la desintegración del Califato de Córdoba  algunos “toreses” contribuyen a la repoblación de Salamanca. Alfonso VI avanza hacia la línea del Tajo y Toro pierde importancia estratégica. Alfonso VII inicia la construcción de la iglesia mayor. A su muerte en 1157 la separación de Castilla y León y la hostilidad entre ambos reinos impulsa de nuevo su importancia como plaza fronteriza del Reino leonés, por ello Fernando II y Alfonso IX reconstruyen el gran puente de origen romano sobre el Duero, amurallan de nuevo la ciudad y replantean e inician la monumental colegiata, además de trece iglesias en estilo románico-mudéjar. Por un texto epigráfico hallado sabemos que el desaparecido templo de la Magdalena databa de 1155, hoy capiteles, cornisas y dovelas de una portada forman parte de una vivienda.



      La unión de las Coronas de Castilla y León por Fernando III en 1230, la expansión hacia el Guadalquivir y  la incorporación de Murcia por Alfonso X, atraen la atención de monarcas y repobladores hacia estos territorios en detrimento de estas tierras castellanas. Sancho IV y su esposa, María de Molina, señora de Toro, impulsan de nuevo el crecimiento de la villa. Alfonso XI finaliza la tercera cerca murada. Esta época de gran esplendor artístico culmina con la Portada y el Pórtico de la Majestad, broche final gótico a la iglesia mayor ya con rango de colegiata por deseo de estos monarcas.

      Los repobladores de Toro, a comienzos del siglo X posiblemente, levantaron un templo mozárabe con la misma advocación. La imponente silueta del edificio actual destaca entre tantas hermosas estampas de Castilla. Allá por el 1121 Alfonso VII restablece la diócesis de Zamora en el obispo, Bernardo de Périgord y a ella se adhirieron la iglesias de Campo de Toro, a tal prelado comenta la intención de construir este templo, además de donar la villa de Fresno en 1139 a la iglesia de Santa María “que fundatur in Tauru”; sin embargo, no se conocen indicios de que se comenzase edificación alguna en los años posteriores, tal vez debido  a cierta conflictividad entre otras diócesis. En 1151 el obispo Esteban impulsa la construcción de la catedral de Zamora y cerca de finalizar esta obra centra su atención en la iglesia mayor de Toro, época de la separación de Castilla y León, cuando Fernando II dota a la ciudad de gran importancia estratégica, aunque no existen documentos sobre el proceso de construcción del templo hasta bien adelantado el siglo XIII. Se acepta la fecha de 1170 resultado del estudio y la comparación con otros monumentos de la zona.


DESCRIPCIÓN DE LA COLEGIATA


      Planteada inicialmente al modo de la catedral de Zamora existe alguna diferencia poco destacada que no ennoblece mayormente el edificio: los contrafuertes de los hastiales del crucero, que sorprenden por su carencia de funcionalidad al ser interrumpidos en algún momento del transcurrir de las obras, y que seguramente estarían pensados para sustentar una cornisa con canecillos como la de los aleros; en Zamora ésta es la ubicación de las puertas laterales, pero aquí en Toro las portadas se abren en los tramos centrales de las naves.  Otra diferencia es que las naves tienen un tramo menos, pero no podía ser de otra forma debido al colosal desnivel del terreno y a la existencia de caminos próximos sin trazados alternativos. En cambio en anchura iguala a la catedral de Ciudad Rodrigo y supera  a la de Zamora, gracias a la envergadura de los pilares cruciformes, de tradición cluniacense y parecidos a los de la Catedral Vieja de Salamanca,  más que suficientes para que asienten las bóvedas proyectadas en principio, de ojivas de la nave central y de arista las laterales, aunque posteriormente el segundo maestro de obras cubrió la nave central y la del crucero con bóveda de medio cañón y arcos fajones. En Zamora está implantado el modelo de pilar cuadrangular de Poitou.

      La torre se posiciona al igual que en Salamanca, al Norte de la puerta del ala occidental, aunque su situación con respecto a algunos viales de acceso a los barrios meridionales y al puente, obligó a remeter el ángulo noroccidental debilitando la estructura de tal modo que a comienzos del siglo XVI hubo que reconstruir la parte alta y en el siglo XVIII los dos cuerpos de campanas. Clásica planta basilical con tres naves de tres tramos, crucero y cabecera de tres ábsides precedidos de presbiterios rectangulares, al exterior destaca sobremanera el tambor central al que se suma la magnífica mole de piedra del cimborrio. El ábside central se divide verticalmente en tres secciones por cuatro columnas, mientras que una imposta lo recorre en horizontal. El lienzo inferior se adorna con arquería ciega sobre elevado zócalo; la segunda altura dispone alternativamente ventanales ciegos y abiertos con arquivolta de medio punto. Un friso de arquillos de medio punto y canes piramidales decora la altura del ábside central. Los dorsos cóncavos superiores vierten al exterior las aguas pluviales a través de gárgolas. Un vistoso rosetón ilumina el hastial del presbiterio.

                                                           
      Los ábsides laterales presentan ventanas con derrame y arco de medio punto sobre capiteles de hojas gruesas cuya sencillez contrasta con el ábside central. De las tres aspilleras de la arcada superior, dos han sido restauradas tras haber agrandado sus vanos en el siglo XVIII y abierto otro en uno de los arcos ciegos deteriorando alguno de los capiteles. De lo que queda es fácil identificar a un hombre alanceando a un cuadrúpedo, una epifanía, la Santa Cena representada por cuatro apóstoles cuyas ropas los emparentan con las esculturas de la portada septentrional. San Jorge atacando a un dragón, un jinete en cota de malla, parejas de aves… Los mejores son obra del mismo artista que esculpió los capiteles de la capilla mayor, Daniel en el foso de los leones, despedida del caballero, parejas de leones y motivos florales.



      La puerta septentrional imita a la portada meridional de San Juan de Zamora. Tres columnas agrupadas, de fuste liso y basa ática renovados en una restauración de 1932, y capiteles con dibujos florales, aves, centauros atacados por caballeros, Anunciación y Visitación; cimacios de hojas rizadas y tres arquivoltas. En la clave de la arquivolta exterior Cristo con el libro abierto y bendiciendo, aunque mutilada la mano derecha, a ambos lados la Virgen y San Juan, y los veinticuatro ancianos del Apocalipsis tocados con corona y portando instrumentos musicales cuyo interés trasciende el escultórico, como es el caso del organistrum. La segunda arquivolta se adorna con cogollos y hojas extendidas al modo de las del palacio de Gelmírez, en Santiago de Compostela. De nuevo Cristo bendiciendo en la siguiente arquivolta, polilobulada, catorce ángeles con incensarios y navetas lo flanquean en magistral conjunto realizado por un seguidor del maestro Mateo; la arquivolta interior también es polilobulada con ángeles portando libros abiertos. Capiteles con escenas neotestamentarias, caballeros, animales y motivos fitomórficos
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      Lo anteriormente descrito completa la primera fase de construcción que debió continuar más allá del reinado de Fernando II de León, hasta finalizar ábsides y capilla mayor. El material utilizado es roca caliza blanquecina. Su cubierta de losas escalonadas se renovó en la década de los 60 del pasado siglo, pero la escasa calidad de la piedra utilizada obligó a sobreponer chapas de cobre y reformar el alzado del crucero.

      Al  Sur la Puerta del Espolón, cuyas cuatro arquivoltas apuntadas se colocaron en el primer tercio del siglo XIII, cuando se cerraron los primeros tramos de las naves laterales sobre arcos agudos, doblados y bóvedas góticas. 

      Los cortes verticales en los muros, las adarajas para trabar cuando continuasen los trabajos y las diferentes marcas de cantero. A partir de 1230, durante el reinado de Fernando III se concluye el cuerpo del templo en arenisca de Villamayor. Los arranques de la bóveda del crucero continuaron en pechinas a fin de incrementar la magnificencia del templo construyendo un soberbio cimborrio de dos cuerpos de planta poligonal, reforzado por cuatro torrecillas cilíndricas. No se cerraron con gallones de piedra los plementos de la cúpula, sino en ladrillo, cuyas reparaciones están documentadas desde el siglo XVI. El pórtico del alzado septentrional existente se sustituyó en el XVIII por el atrio actual y la espadaña. 

      La obra de la portada y pórtico occidental se hace posible a partir de la permuta de una casa formalizada en 1240 que permite ampliar el solar de la iglesia por esa zona. La bien denominada puerta de la Majestad, pues tal es la sensación que produce su contemplación, es una de las grandes portadas del gótico español, si bien en su comienzo es una obra de carácter tardorrománico. Su construcción comienza posiblemente entre el 1230 y 1240 y así finaliza los plintos cilíndricos y las columnas con capiteles figurados; el incipiente gótico se observa en la sección octogonal de los capiteles, el relieve de la hojarasca vegetal y la viveza de las figuras, a pesar de mostrar en la actualidad intensos síntomas de erosión. Famosa es la escena del burrito que porta tan pesada carga de leña y la Epifanía.

      Tras interrumpirse las obras temporalmente comienzan de nuevo ya a finales del siglo XIII, entonces se esculpen las columnas de las jambas sobre puestas a las columnas comentadas con anterioridad, el parteluz, y las arquivoltas, dintel y tímpano. Una inscripción del dintel permite datar la policromía realizada por Domingo Pérez durante el reinado de Sancho IV, por tanto, la fecha de 1290 sería muy aproximada para las pinturas, la escultura es un poco anterior. No se conocían hasta que en una restauración de 1980 se levantan las capas más modernas de pintura.

      La iconografía de la portada es doble. La clásica escena de la Dormición y Coronación de la Virgen, y de modo secundario el Juicio Final, con imágenes de gran realismo que representan los suplicios de los condenados hacia la derecha de la arquivolta exterior. Un nártex del siglo XIII cobija la bellísima puerta entre la torre y un pilar erigido a tal fin. Posiblemente en el siglo XIV la capilla de Santo Tomás que lo precede fue construida como lugar de enterramiento.

      El cimborrio de la colegiata de Santa María la Mayor toma ejemplo de la catedral de Salamanca, que continúa la tradición del de Zamora. Los tres forman el excepcional conjunto de “Los Cimborrios del Duero”, al que se debe sumar la Torre del Melón de la catedral vieja de Plasencia. Se divide en dos cuerpos de forma prismática de dieciocho lados, cuatro de ellos bajo las torrecillas laterales. Los vanos se enmarcan en arquivoltas polilobuladas.

      Los cimborrios del Duero se asocian al arte bizantino con frecuencia, sin embargo, lo que destaca en ellos especialmente es su disposición vertical, la decoración y las columnas esquinadas, al modo de la región poitivina de Francia, sin obviar que el origen de los cimborrios se remonta a la época paleocristiana y bizantina, alcanzando el mundo románico debido a los intercambios entre la Italia bizantina y el románico lombardo del Norte de Italia.

Texto: Cristina Sánchez. Gijón
Fotos: Rosa G. Nieves. Madrid

Bibliografía:
Enciclopedia del Románico. Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo.
Las rutas del Románico en España. Jaime Cobreros. Ed. Anaya.
Enlaces de internet:
Portal Arteguías: http://www.arteguias.com/catedral/colegiatatoro.htm


miércoles, 27 de mayo de 2015

CRÓNICA DEL XIV SENDERISMO ROMÁNICO: POR LA SENDA DEL ALTO EBRO.



      El día 16 de mayo los Amigos del Románico de Asturias –Cantabria organizaron  una nueva edición en la que se combina el contacto con la naturaleza y el arte románico. En esta ocasión, se desarrolló  por tierras de Cantabria.

      En Villaescusa de Ebro nos citamos unas 20-25 personas y después de las correspondientes presentaciones,  saludos de reencuentro y reparto de las botellas de sidra (casera, traída por  Cristina para convidarnos), en las mochilas de los caminantes, iniciamos  la marcha por la orilla del rio Ebro en dirección de San Martin de Elines.



      El día no podía ser mejor, con sol y una temperatura estupenda lo cual animaba a todos al disfrute del paisaje y a la conversación.

      Una vez llegamos a San Martin de Elines, nos dirigimos a la Colegiata. Ya en su interior, como es costumbre, entre explicaciones sobre su construcción, capiteles,  arcos, taqueado jaqués y demás elementos  que todos ya conocen, disfrutamos de lo lindo. Antes aprovechamos la ocasión para rendir un  homenaje a don Bertín, el párroco  que mantiene la colegiata -¡qué es un primor!- desde hace más de cuatro décadas. En un acto sencillo el coordinador le entregó un obsequio en nombre de AdR. 

A la derecha, don Bertín emocionado al recibir el obsequio


      Tras la visita, tomamos el  aperitivo en la plazoleta, enfrente de la Colegiata.  Luego, buscamos un lugar al lado del rio con mesas, para colocar y  compartir todas las viandas que llevábamos, y dar buena cuenta de ellas y regarlas con la rica sidra casera
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      Una vez finalizada la sobremesa-tertulia, hicimos el recorrido a la inversa, para bajar la comida y volver a  Villaescusa donde estaban los coches. Algunos participantes ya se despidieron para volver a sus casa y el resto nos fuimos a Orbaneja del Castillo, un pueblo sorprendente por su situación y la cascada de agua tan espectacular que tiene.  Disfrutamos de otro buen rato de tertulia mientras tomamos el café en la plaza y observamos el entorno que es espectacular;  también nos dimos un paseíto por el pueblo, para “hacer pierna” y  tener una vista desde lo alto.



      Como nos parecía aun poco, seguimos ruta y paramos en Escalada para ver la portada románica y de allí al mirador para disfrutar de la vista del  cañón del Ebro, No sé qué decir de ello, es  abrumador el trabajo de la naturaleza a lo largo de los siglos y su resultado.




      Ahora sí, llega la hora de la despedida, la jornada se termina y todos deben regresar a sus casas. Hay abrazos, besos ….. Y quedamos para la próxima.



      Para mí, que es la segunda vez  que voy,  esta combinación me gusta mucho, pero destacaría que lo  más importante es la gente que participa, que te acoge como si fueras de toda la vida, comparte experiencias, conocimientos etc.



      En fin, ¡qué más puedo decir! Mis amigas, que  para ellas era  la primera vez, quedaron entusiasmadas.

      Texto: Macu Fernández. Gijón

      Fotos: Javier G., Emilia y Javi


martes, 26 de mayo de 2015

DESCRIPCIÓN DE LA IGLESIA ZAMORANA DE SANTA MARÍA LA NUEVA




       La iglesia de Santa María la Nueva está clasificada como Monumento Histórico Artístico desde 1945. Se encuentra dentro del primer recinto de la ciudad amurallada. Fue construida bajo la advocación de san Román, pero el templo fue incendiado por el pueblo zamorano durante el llamado “Motín de la Trucha” quemando a los nobles que había reunidos en su interior. Asegura la tradición que sólo se mantuvo en pie el ábside central y algunos lienzos murales calcinados. Esto debió suceder en los años 1158 ó 1168 pero no hay unanimidad en la datación.  El propio pueblo reconstruyó la iglesia por mandato real y fue entonces cuando cambió su nombre por el actual de Santa María la Nueva.  El edificio consta hoy de una cabecera semicircular, con tramo presbiterial flanqueado por dos dependencias cuadrangulares (Hay muchas dudas sobre si la iglesia tuvo o no en origen estos dos absidiolos). La única nave se articula en tres tramos separados por grandes arcos apuntados y cubiertos con bóvedas barrocas, con una potente torre alzándose a los pies, en cuya base está una de las tres puertas que tiene el edificio, abriéndose las otras dos al norte y al sur respectivamente. El conjunto de la fábrica se remonta a época románica, aunque hay que distinguir dos etapas. La primera, correspondiente a la cabecera y un segundo momento, el de la reconstrucción del templo tras el incendio (muros de la nave y torre).



       En origen pudo tener tres naves, de las que las laterales se habrían perdido en una reforma de época gótica en la que se le dio al templo la configuración actual marcada por los potentes contrafuertes.
De su exterior se conserva la cabecera, bastante más baja que la nave a la que está adosada y que posiblemente date de finales del XI.  Destaca  su ábside semicilíndrico, que se alza sobre podio corrido y está decorado con siete arcos ciegos sobre columnas con delgados fustes cuyos capiteles, un tanto deteriorados, son todos auténticos, no así los cimacios. Los del penúltimo arco son figurativos teniendo por elemento central un personaje que en el de la izquierda extiende sus brazos introduciendo las manos en las fauces de sendos leones, y en el de la derecha, más deteriorado, sostiene con una mano un objeto cilíndrico alargado y con la otra se mesa la barba. 


      En el ábside se abre tren ventanas y existe otra de similar factura pero algo más ancha en el cuerpo de edificación adosado al sur del presbiterio. 


      De los capiteles de las ventanas destacan sobre todo los de la ventana sur, originales y bien conservados, el izquierdo representa una tosca figura humana central con los brazos extendidos flanqueada por tallos vegetales entrelazados. El capitel derecho contiene otra figura humana desnuda entre dos árboles con frutos.  La talla es muy ruda, tanto que los estudiosos no se ponen de acuerdo en si podría representar a AdánEva.


      Los capiteles de la ventana central son copias colocadas en la restauración de 1959 imitando los de las otras ventanas.


      El capitel derecho de la ventana norte es el que sirvió de modelo al reconstruido de la ventana central que muestra dos serpientes enroscadas. En el izquierdo se ve un águila explayada.


      Por último en la ventana del testero oriental del cuerpo adosado al presbiterio por su costado sur sólo queda original el capitel de la derecha en el que se  representa a un hombre que está siendo picoteado en la frente por dos aves.

      La fachada sur  se articula mediante contrafuertes, con vano de ingreso compuesto por un arco de ligera herradura doblado que descansa en columnas con capiteles historiados. La portada se encuentra en el tramo central de la nave. Está cubierta por una bóveda de cañón de ladrillo realizada en época posterior. El arco es de doble rosca: la interior de medio punto y la exterior ultrasemicircular insinuando una ligera herradura que no sabemos muy bien si es producto de la intencionalidad o de una defectuosa práctica en su reconstrucción. Está soportada esta segunda por columnas alzadas sobre altos podios prismáticos lisos y rematadas por pequeños capiteles figurativos. El de la izquierda muestra la típica sirena de doble cola sujeta con ambas manos; el de la derecha representa dos aves de largos cuellos entrelazados. 



      Los demás accesos, ya hechos en su reconstrucción, presentan ausencia de decoración figurada.


      En el interior la nave única aparece dividida por tres grandes arcadas. El arco toral es apuntado, mientras que el triunfal que da paso al hemiciclo del ábside, es de herradura. El presbiterio se cubre con bóveda de cañón peraltado, el ábside con cuarto de esfera y los recintos laterales con medios cañones. Estos espacios tienen comunicación sólo con el presbiterio, pero no con la nave y se ignora cuál pudo ser su destino. En el meridional se descubrieron en la restauración de 1959 restos de pintura mural de estilo gótico lineal realizadas en negro y rojo.
Capitel de la ventana del muro sur exterior


      Merece la pena destacar la pila bautismal que se conserva en una capilla que abre al paramento meridional bajo la torre. En el perímetro circular del vaso se representa una arquería de siete arcos soportados por columnillas que disponen de capiteles de ornamentación vegetal y que cobijan a varios personajes nimbados (uno de ellos porta llaves, por lo que pudiera ser san Pedro), un ángel turiferario y una escena que podría ser una alegoría del bautismo.


Frente al ábside de la iglesia en la plaza se sitúa la estatua en bronce al “Barandales”, personaje que desde el siglo XVI abre las procesiones agitando entre sus manos dos pesados esquilones, y a su lado El Museo de Semana Santa.






 Texto y fotos: Rosa G. Nieves. Madrid

Bibliografía
-           
Enciclopedia del Románico de Zamora. Fundación Santa María la Real.
-          Rutas del románico en la provincia de Zamora. Cayetano Enríquez de Salamanca. Castilla Ediciones.
-          www.lafronteradelduero.com