jueves, 3 de abril de 2014

CLAUSURA DEL CURSO "INICIACIÓN AL ROMÁNICO"


 

      Con las visitas a la iglesia de Santa María de Bareyo y la ermita de San Román de Escalante se dio por concluido el curso de “Iniciación al Románico” organizado por el Aula de Patrimonio Cultural de la UC con la colaboración de “Amigos del Románico”.

      Una vez más Isabel Cofiño, historiadora y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, comentó -como ya lo hiciera en Santillana del Mar- a un centenar de asistentes los edificios románicos antes referidos.


      En primer lugar el de Santa María de Bareyo, llamado por algunos como “el de las cabezas”. Todo su espectacular ábside está ornado con testas: unas de hombres y otras de mujeres. Según Isabel, es la esquematización de escenas bíblicas llevada al máximo: “representan lo que quieren decir y no se molestan en más.”

      Dos particularidades a modo de ejemplo con lo de arriba: la representación del Apostolado con Cristo en el centro y la visita de las Marías al sepulcro. La primera se ubica en la arquería inferior del ábside de la capilla mayor. Sus  seis capiteles se adornan con cabezas barbudas menos la que porta gorro cónico enmarcada en media mandorla y la lateral de la misma cesta totalmente barbilampiña. Lo mismo ocurre con la otra escena en el presbiterio del lado de la Epístola: tres cabezas de mujeres con toca y barboquejo en el capitel izquierdo de la arquería; en del centro, el sepulcro medio abierto con una cabeza (el ángel); y en el derecho los ojos  de los que contemplan la escena (los mirones) desde una atalaya. La simplicidad per se.    


      No dejó, la historiadora, de lado otras representaciones bíblicas como la del Pecado Original en dos capiteles, y la placa relivaria del sacrificio de Isaac…; y otras de la vida corriente de la época: el hombre que sujeta a dos bueyes con enormes cuernos  cogiéndoles por las argollas de los hocicos; o el programa escultórico de animales fantásticos. Y no digamos la figura cariátida de uno de los fustes de la arquería superior representando un personaje de pie, con brazos sobre el vientre y vestido con pellote y pedules.


      Siguiendo un orden -como es habitual en Isabel- dividió al gran grupo en dos con el fin de poder contemplar la joya de “la corona”: la pila bautismal. Ésta se encuentra en un habitáculo aparte, con dos entradas: una desde el mismo pórtico y otra desde el fondo de la nave. Bien dijo la doctora Cofiño que la pila bautismal de Bareyo es una de las tres más bellas de todo el románico cántabro junto con la de Santoña y Santillana. En un principio se la clasificó como visigoda pero fue nuestro añorado maestro, García Guinea, que la dató como románica y, a la vez, contemporánea con la iglesia.

      De la misma manera ordenada con que se aparcó los coches, éstos abandonaron el lugar para dirigirse a San Román de Escalante distante unos cinco kilómetros.      

     
      Aunque el recinto interior litúrgico de la ermita es exiguo no por ello los asistentes hicieron alarde de solidaridad entre ellos ocupando cada uno un mínimo espacio.

      En primer lugar, la guía informó de que la primera cita referencial del lugar es un documento del año 1501, por causa de un pleito. Relacionó, a continuación, la de Escalante con la de Bareyo por ser los mismos maestros que ejecutaron la ornamentación de ambas. Posiblemente fuera un taller de trasmeranos que trabajaron por la costa cántabra oriental y la zona norteña burgalesa.

     Aunque algo apretujados los cursillistas siguieron con atención las explicaciones de los capiteles del arco triunfal, en especial el Descendimieto con figuras también muy hacinadas. Igualmente el de la Matanza de los Inocentes sito en el capitel derecho del ábside. Su fuste se orna con una cariátide que bien podría ser un apóstol o el mismísimo San Román, portando un libro abierto. El fuste de la izquierda, formando pandant con aquél, se embellece con una Virgen sedente, que lleva sobre sus rodillas al Niño. La columna se remata con un inusitado capitel formado por tres filas de colgantes a modo de mocárabes y en el cimacio una figura en posición horizontal que pudiera bien ser un peregrino porque se sujeta con una especie de bordón.


      Y tras recorrer la zona perimetral exterior del edificio formada por muros de mampuesto y dieciséis canecillos bastante deteriorados Isabel dio por terminada la visita y la finalización del curso. Adelantó que el próximo año el Aula Patrimonial Cultural de la UC con la colaboración de "Amigos del Románico" volvería a repetir  otro curso sobre el Románico bajo un formato distinto haciendo hincapié en temas monográficos.
      Como dato estadístico la media de asistentes por cada sesión (cuatro sábados) rondó el centenar.

 

jueves, 27 de marzo de 2014

CRÓNICA DE LA 3ª SESIÓN DEL CURSO "INICIACIÓN AL ROMÁNICO"


 
      Si hace unas semanas, en la sesión inagural del curso, con la mañana soleada con que amaneció aquel día la ciudad santanderina, invitaba más a pasear por el Sardinero que a encerrarse en un aula; la del pasado sábado, empero, incitaba más a guarecerse de la lluvia racheada y del frío invernal. Más la pasión actual por el Románico es tan manifiesta que la concurrencia  desbordó todas las previsiones –un centenar de asistentes ocuparon todos los asientos del aula “Fray Antonio de Guevara”, del Paraninfo de la Universidad de Cantabria (UC). Con ello se demuestra que haga tiempo bueno  o adverso no influye en absoluto para iniciarse en el Románico.

De izquierda a derecha: Jose Luis Pérez y Esteban Sainz


      Abrió el acto Jose Luis Pérez, coordinador del Aula de Patrimonio Cultural de la UC. Recordó que la idea del curso había surgido de la asociación “Amigos del Románico” y que una vez comprobado la aceptación que ha tenido el curso adelantó una buena noticia: que el próximo año por las mismas fechas se volverá a repetir - con la colaboración de la misma asociación- pero profundizando en este arte con temas monográficos. Y sin más presentó al ponente, Esteban Sainz, miembro de la Fundación “Santa María la Real” de Aguilar de Campóo y arqueólogo de profesión.

      Comenzó su lección del “Románico en Cantabria” con una sugerencia muy llamativa: la relación de la matanza del cerdo con el románico cántabro.  Algo muy natural por estos pagos (el matacío), cuando aquel mamífero artiodáctilo servía de alimento básico de los lugareños de aquella época hasta el punto que los artistas románicos reflejarían esa costumbre en los frescos y esculturas de capiteles y canecillos de las iglesias. Mas había también una identificación religiosa –de notoriedad del converso cristiano- al ser un contrapunto con las creencias de los musulmanes y judíos que consideraban el puerco como animal despreciable y prohibitivo.



      Con la llegada -prosiguió a modo de introducción- de los mozárabes, a partir del siglo VIII, ocupando las tierras de la montaña ulterior de la región y la erección de monasterios por doquier –habló, ¡cómo no!, de Beato de Liébana, autor del “Comentario al Apocalipsis”- "llegando, por tanto, a consolidarse, a partir del siglo X, la población rural."

      Para la expansión del Románico, en general; y del cántabro, en particular, "fue figura clave el rey, Sancho III de Navarra", al ser un ferviente propulsor de la construcción de edificios religiosos según los cánones de los monjes cluniacenses.

      A continuación, temporalizó el estilo románico en tres periodos: el inicial, hasta la primera mitad del siglo XI; el pleno, desde la segunda mitad del siglo XI hasta  la primera mitad del XII; y a partir de aquí hasta principios del XIII, el llamado tardorrománico o evolucionado.

      "Gracias al Camino santiagués -ciñéndose ya en el tema de la conferencia- de la costa, antes de que el del interior se consolidase, que recorría la franja costera norteña, se edificaron una profusión de iglesias románicas como las que hoy vemos en Santoña, Laredo, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera…Resultó también notable para la penetración del Románico el  valle del Besaya  –aprovechando una antigua calzada romana que unía Herrera de Pisuerga con Suances- y las vías de comunicación que discurrían por Trasmiera, Valderredible  y la comarca lebaniega."
 


      "Algunos magister operi de aquellas construcciones religiosas eran naturales de la región como lo atestiguan sus nombres escritos en soportes de piedra o en pergamino: Covaterio, Juan de Piasca y Quintana"; y sin dejar de recordar el afamado taller constituido por trasmeranos que construyeron Santa María de Bareyo y San Román de Escalante, entre otras.

      Y acabó su laboriosa e interesante disertación aportando una novedad: el hallazgo de un escudo de peregrino, de plomo, datado en el siglo XIII, en las recientes obras  llevadas a cabo en la santanderina, Plaza Porticada.   

 

 

martes, 25 de marzo de 2014

CANCEL DE SANTA MARÍA DE LEBEÑA

Cancel de Santa María de Lebeña (Cantabria)

      La iglesia de Santa María de Lebeña, fundada en el año 925 por el conde Alfonso y su esposa doña Justa con el propósito de enterrar en este lugar el cuerpo de Santo Toribio de Astorga, es uno de los pocos ejemplos de arquitectura mozárabe que se conservan en la región.

      Entre las piezas de arte mueble que alberga destaca un frontal de piedra arenisca, de forma prismática, que actualmente se adosa al basamento de piedra del retablo mayor y que originalmente debía estar situado entre las dos primeras columnas de la nave central, a modo de iconostasis. Este elemento era característico de la liturgia mozárabe y su función era la de separar la zona de los fieles, situados en las naves, de la reservada al clero, instalado en el presbiterio.
 

      Su cambio de ubicación pudo tener lugar tras la construcción del retablo barroco que actualmente preside la cabecera del templo. En ese momento se colocó como grada de antealtar con los grabados hacia el suelo, muy posiblemente por desconocer su significado. En 1973 se situó donde se halla actualmente con ocasión de las obras que se hicieron en la iglesia para colocar el altar cara al pueblo.

      Se trata de una pieza decorada con elementos geométricos que llevan asociada una compleja simbología de carácter cristológico y escatológico, muy habitual entre los pueblos germánicos cristianizados y en el arte prerrománico. Se cree que originalmente el fondo del frontal pudo haber estado pintado en blanco, mientras que los diversos motivos ornamentales lo estarían en rojo, tal y como atestiguan algunos restos de policromía que han llegado hasta nosotros.

      Presenta forma prismática contorneada por un listel. Su frente se ornamenta con seis círculos grabados, rehundidos o pintados en la piedra, que se distribuyen simétricamente a ambos lados de un gran círculo central. La decoración de esta pieza central se hace mediante una esvástica inscrita en dos círculos concéntricos decorados con pequeños trazos rojos que destacan sobre un fondo blanco. Estos círculos simbolizan las esferas celestiales.

      En el eje de la esvástica se observa un pequeño botón convexo con una cruz patada grabada en su interior. Las esvásticas tienen un origen anterior al cristianismo, asociadas a cultos solares. Este símbolo fue posteriormente asimilado por el cristianismo para representar a Cristo como Sol de justicia. En época prerrománica, sobre todo en manos de los visigodos, las esvásticas aparecieron decoradas con ese pequeño botón central que observamos en Lebeña, cuyo significado se vincula con la piedra preciosa que simboliza la sangre de Cristo.

      El hecho de que la esvástica de Lebeña presente dieciséis radios puede tener también un carácter simbólico, ya que dieciséis es el doble de ocho, número asociado a la resurrección y a la vida eterna.

      En cuanto a los elementos que ornamentan los círculos que se distribuyen a ambos lados de este motivo central, hay que señalar que en el círculo superior de la izquierda hallamos una flor cuatripétala superpuesta a otra de ocho pétalos que muestran, alternativamente, cuatro rombos. La primera alude a Cristo y su doctrina, en sustitución al Crismón, con el que se asemeja en forma.

      En el círculo superior de la derecha vuelve a repetirse el mismo motivo de flor de cuatro pétalos, esta vez inserta en una cruz patada. En ello se ha querido ver la representación de Cristo en la cruz.

      El motivo intermedio del lado izquierdo representa dos círculos concéntricos, el exterior realizado mediante la técnica de grabado y el interior pintado en blanco. Se relacionan con los círculos o esferas celestes.

     En el lado opuesto aparece una estrella de ocho pétalos, símbolo del renacimiento por el bautismo, así como de la resurrección y la vida futura.

    El círculo inferior izquierdo está grabado y en su interior, coloreado en blanco, aparecen varios trazos rojos formando un eje central del que salen unas líneas a modo de ramas y raíces. Entre ambas hay signos triangulares semejantes a los empleados en algunas estelas funerarias romanas y en obras visigodas. Bordeando a la circunferencia hay trazos rojos, similares a los de la esfera de un reloj. Estos últimos se relacionan con la representación de un horologio para la celebración de los ritos litúrgicos.

   Junto al círculo hay dos líneas pintadas en blanco: una de ellas quebrada a modo de montañas y otra horizontal que podría simbolizar al horizonte, tal y como se interpreta en los Beatos.

  En el círculo inferior de la derecha parece encontrarse la representación de un elemento vegetal, a modo de dos árboles cruzados formando una cruz. El árbol ya fue utilizado por antiguas civilizaciones con un significado religioso, asimilado posteriormente por el cristianismo, para el que las raíces se vinculan con la vida interior, el tronco con la vida terrena y las ramas con lo inmaterial y espiritual.
  Partiendo de todo lo señalado los motivos representados en el cancel de Lebeña se han interpretado como una representación de la vida terrenal en su parte inferior (metáfora del árbol, horologio, montañas y cielo), de los círculos celestes y el carácter espiritual del cielo cristiano a través de la resurrección en la zona intermedia (círculos concéntricos y estrella de ocho puntas, respectivamente) y la salvación de Cristo en la parte superior (en los dos círculos que aluden a la salvación de Cristo y, sobre todo, en el gran círculo central)
Estamos, por tanto, ante una pieza de gran valía no sólo por la escasez de restos prerrománicos en la región, sino por el rico contenido simbólico que tiene este cancel de la iglesia de Santa María de Lebeña.
Texto: Isabel Cofiño. Santander
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‘LA PIEZA DEL MES’ es un proyecto de divulgación del Patrimonio Cultural de Cantabria promovido por el Aula de Patrimonio Cultural de la Universidad de Cantabria.

Se plantea como objetivo, una vez al mes (en concreto el primer viernes), acercar a la sociedad de una manera divulgativa y comprensible un objeto mueble o un elemento singular del legado artístico con que cuenta esta región. De este modo, se trata de poner en valor una obra de arte gracias a la repercusión de esta iniciativa en los medios de comunicación y a su divulgación a través de Internet.

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BIBLIOGRAFÍA

AA. VV.: 2000. Anno Domini. La Iglesia en Cantabria. Santillana del Mar, 2000.

CAMPUZANO RUIZ, E.: “El frontal del altar de Lebeña”. Clavis, no 1, 1996, pp. 99-108.

CAMPUZANO RUIZ, E.: Santa María de Lebeña. Iglesia mozárabe del siglo X. Santander, 1998.

lunes, 24 de marzo de 2014

PALIMPSESTO SOBRE EL "BEATO" DE FERNANDO Y SANCHA*

      Hacia el fin del primer milenio de nuestra era, en la isla de Patmos, el apóstol Juan tuvo una visión. Que no haya sido de verdad Juan, que no haya tenido una visión y se hubiera sencillamente limitado a escribir un texto en el género literario llamado "visión" (o apocalípsis, revelación) no tiene apenas importancia. Porque este del que nos ocupamos es un texto (y la manera por la que ha sido leido). Ahora bien, un texto, cuando está escrito, no tiene a nadie detrás de él; en cambio, él tiene, cuando sobrevivió, millares de intérpretes delante de él. La lectura que ellos dan engendran otros textos, que son la paráfrasis, el comentario, su utilización sin escrúpulos, la traducción de otros signos en palabras, en imágenes, incluso en música.
 
      Un texto es un desfile de formas significantes que esperan ser llenadas (que la historia, dice Barthes, pasa su tiempo en llenar); los resultados de esos "rellenos" son casi siempre otros textos. Peirce habría dicho: las interpretaciones del primer texto. No es un azar si en esas páginas, y en las que siguen en el cuerpo de este volumen, el primer texto no esté transcrito, y no solamente porque sea muy conocido. El hecho es que este volumen se refiere sobre cierta interpretaciones del texto llamado Apocalípsis, De esta manera, y desde el principio, el primer texto nos parece borroso, mediatizado por otros textos sucesivos, que -ellos mismos- no aparecen por aquí, sino por breves citaciones antológicas, porque el presente  que estaba sentado en el tronolos ha elegido como puntos de partida, y no como punto de llegada, y que ellos han engendrado también otros textos, del que éste que leemos aquí incluso, sobre páginas azules y encuadernado en negro, es aún uno de la interpretaciones, y no el último.

"Beato" de Fernando y Sancha: Juan no adora al ángel sino sólo a Dios

 
      Si, de la periferia la más alejada de ese círculo en expansión de la semiología ilimitada, volvemos al texto de origen, ni siquiera podemos decir que él nos parece claro y definitivo como un cristal. Porque ese texto, el Apocalípsis de Juan, parece hecho a propósito para escarnio de las lecturas definitivas, como lo sabemos bien todos sus lectores. Diremos, como una modernidad blasfematoria, que es una obra abierta, y que, probablemente (pero no lo sabremos nunca si la hipótesis es correcta, y no simplemente probable), es así como el autor lo ha querido.
 
      Sin embargo, sabiendo bien que toda paráfrasis es otro texto traicionado, empobrecido (a veces también enriquecido, pero no es el caso) del texto parafraseado, intentaremos recorrer de nuevo los momentos narrativos fundamentales del Apocalípsis, psólo fuera  por tener un término de referencia para el discurso que seguirá.

"Beato" de Fernando y Sancha: Lo cuatro jinetes
 
      Así pues, Juan tuvo una visión. Oyó una voz que le imponía escribir lo que vería y enviarlo a las siete iglesias de la provincia de Asia: y él vio siete lámparas de oro, y, en medio de ellas, un ser humano parecido al Hijo, con cabellos blancos, ojos de fuego y pies ardientes como bronce fundido, y la voz como el estruendo de las aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada. Y vio una puerta abierta en el cielo y detrás de la puerta un trono con alguien sentado, envuelto en un arco iris similar a la esmeralda, y había alrededor del trono veinticuatro ancianos, y, delante siete lámparas alumbradas. Y alrededor del trono cuatro vivientes, un león, un toro, un ser con cara de hombre y un águila en vuelo. Y en la mano derecha de aquél que estaba sentado en el trono, un libro con siete sellos, que, con gran dolor de Juan, nadie lograba abrirlo. Hasta el momento en que vino un Cordero con siete cuernos y siete ojos, adorado por los Vivientes y los Ancianos con arpas y copas llenas de perfume, y un coro de millones de ángeles. Y cuando el primer sello fue abierto, apareció un caballo blanco montado por un caballero victorioso; cuando el segundo fue abierto, salió un caballo alazán montado por alguien que tenía una gran espada; y cuando el tercero fue abierto, vino un caballo negro montado por un jinete que portaba una balanza; y cuando el cuarto fue abiero, un caballo amarillento montado por la Muerte; y con el quinto fue el regreso de los mártires; y el sexto, una vez abierto, se produjo un gran temblor de tierra; el sol devino negro y la luna de sangre, las estrellas cayeron y el cielo se arrugó como un pergamino,y, mientras todos en la tierra se escondían, pareció claramente la cólera de Dios.

*Beato de Liébana. Miniaturas del Beato de Fernando I y doña Sancha (Manuscrito B.N. Madrid. Vit 14-2). Umberto Eco. Ed. Franco María Ricci. Milán  1983.

Traducción: Javier Pelaz

sábado, 22 de marzo de 2014

HOMENAJE A PUCHI

      Días pasados el Ayuntamiento de Cayón rindió homenaje a dos mujeres del municipio cántabro. Una de ellas es María del Carmen Gutiérrez Mora, cuyo nombre nos aclara más si decimos que todos la conocemos por Puchi, la encargada de las llaves de la iglesia románica de San Andrés de Argomilla de Cayón, en Cantabria.

      De toda la vida sabemos que si vas a su casa, en el cruce antes de subir a la iglesia, no sólo te va a atender de maravilla y facilitarte la visita para que hagas las fotos que quieras, sino que además te va a regalar chocolatinas o el postre que esté cocinando.
Puchi en el centro de la foto del DM



      Con 84 años sube varias veces  a la semana a arreglar la iglesia y es muy popular en el contorno, siempre con la sonrisa en la cara. Como una reencarnación de Tobit, ha sido además quien ejercía de practicante y amortajaba a los difuntos años atrás.

      Creemos que es una ocasión estupenda para agregar nuestra felicitación y agradecimiento a Puchi y a todos los guardianes de llaves del románico, que salvo excepciones contadas y, a veces por alguna mala experiencia, nos facilitan las visitas dejando sus labores para atendernos de manera desinteresada. Desde luego, Puchi es un feliz ejemplo.

Esperemos contar con ella muchos años

Texto: Fernando García. Yermo (Cantabria)

miércoles, 19 de marzo de 2014

CRÓNICA DE LA SEGUNDA JORNADA DEL CURSO DE "INICIACIÓN AL ROMÁNICO".


      Antes de de reseñar el desarrollo de la segunda clase práctica del curso “Iniciación al Románico” -organizado por el “Aula de Patrimonio Cultural de la UC,  en colaboración con los “Amigos del Románico”- no podemos pasar por alto la masiva afluencia de cursillistas –más de 150-  que se congregaron en el interior de la Colegiata de Santillana de Mar, el pasado sábado,  ocupando no sólo los bancos disponibles, sino también cualquier recoveco del templo. Por este motivo, la profesora y doctora en Historia del Arte, Isabel Cofiño, tuvo que cambiar el plan de su exposición y adaptarlo a la coyuntura imprevista del momento.



      Con una excelente megafonía -habilitada por el sacristán del templo, Agustín,- comenzó su disertación haciendo una somera introducción de la historia de la Colegiata. Ésta comienza en s. VIII ó IX con la fundación de un monasterio en un lugar cercano a Santillana. Con el transcurso de los años se erige otro cenobio, dentro de los cánones románicos, en el lugar donde hoy ocupa el actual edificio, gracias  a las donaciones aportadas por la realeza –el rey astur-leonés Fernando I eximió de impuestos al monasterio- y nobles, en especial doña Fronilde, sin olvidar los ingresos de los peregrinos atraídos por las reliquias de santa Juliana.

      En el siglo XIII  el monasterio pasó a ser colegiata y con ello comienza su paulatino declive, no tanto por la carencia de ingresos económicos cuanto por el afán de la nobleza de asumir los poderes del abad que no eran pocos.



      A continuación, para agilizar las explicaciones de los capiteles y relieves escultóricos del interior del templo y del claustro tuvo a bien Isabel formar dos grupos, para que de ese modo pudiésemos no sólo escuchar mejor su voz, sino, a la vez, contemplar las esculturas y las placas relivarias con mejor disponibilidad de visión. Dejó bien claro la profesora que las  representaciones tenían “una función doctrinal dirigida tanto a los monjes como a los fieles y que de ellas podríamos hacer miles de interpretaciones.”  Algunas de las escenas, insistió, son recurrentes en el Románico como las que hacen referencia a los pecados  de la avaricia, la lujuria…, principalmente; y a las escenas de la vida cotidiana, las luchas de los caballeros entre si y la profusión de adornos vegetales.


      Reagrupado de nuevo el público explicó minuciosamente el impresionante retablo barroco realizado entre los años 1500 y 1529 y, además, las dependencias posteriormente añadidas al templo.

      Y tras sacar la foto oficial del evento en la escalinata de la explanada,  recorrimos de la mano de la historiadora el contorno exterior del templo para contemplar los motivos escultóricos de los canecillos, capiteles y, a la vez, la configuración arquitectónica de los ábsides.



      La jornada finalizó como tenía que ser: tributando a Isabel un cerrada ovación de los cursillistas,en reconocimiento tanto de la incansable labor desplegada a lo largo de dos horas y media, sin ningún atisbo de cansancio, como por su amena e interesante disertación.
 

 

 

 

 

 

martes, 18 de marzo de 2014

ORIENTACIÓN DE LA IGLESIA ROMÁNICA*

      Entre los símbolos (románicos), la orientación juega un papel esencial. La iglesia románica sigue las leyes  que regían en su tiempo las iglesias primitivas. Éstas estaban situadas ad orientem. Lo mismo ocurría con las tumbas en los cementerios. La oración se dirige también en el sentido del sol naciente. El ábside de la iglesia románica se orienta en la misma dirección, simbolizando el sol de la salvación (sol salutis); lugar sagrado de donde vendrá , al final de los tiempos, el sol de justicia (sol justitiae) para juzgar a todos los hombres.

Plano de iglesia románica

 
      Este tema evoca toda una tradición. Las palabras Oriente-Occidente se encuentran empleadas en la Biblia, en los Padres y en la era pre-cristiana donde el mundo pagano permanecía sometido  al culto solar. Oriente designa la aurora, el estallido de la luz; en Occidente la luz desaparece, se produce el ascenso y el mito del retorno se lleva a cabo. Oriente posee siempre el sentido de fuente y de origen. También el conocimiento cósmico, en la luz de Oriente, es un conocimiento solar. La luz del amanecer, que se eleva se corresponde con el despertar del alma en términos de la realidad.En la mística, el término "Oriente" significa iluminación. Por eso Guillermo de Saint-Thierry, hablando de la vida espiritual de los cartujos de Mont-Dieu, exclama: "O lumen orientale!". Según la Biblia, el Paraiso terrestre se encuentra en Oriente (Gen., II, 8), y siguiendo la leyenda las puertas del Hades estaban en Occidente(1). Adán, expulsado del Paraiso por la puerta occidental, es echado de Este a Oeste. La ascensión de Cristo se coloca en el Este (Ps. LXVII, 34) y la vuelta de Cristo, ya lo hemos dicho,  se sitúa en esta misma dirección (cf. Mat. XXIV, 27). El sol, siendo considerado como el corazón del cosmos, Clemente de Alejandría retoma este tema para afirmar que Dios es el corazón del Universo.



      Según el testimonio de Eusebio de Alejandria, los cristianos practicaron hasta el siglo V la oración delante del sol naciente(2). Esta costumbre era habitual en los egipcios y en los persas(3). San Agustín menciona la costumbre litúrgica por la cual, en la cristiandad primitiva, se estaba de pie y vuelto hacia el Este para rezar. Si nos volvemos para Oriente para rezar, dirá, no es que pensemos que Dios habita en un lugar preciso como si hubiese abandonado las otras partes del mundo, cuando está presente en todos los sitios. pero el espíritu tiende a moverse hacia lo que es más excelente(4). Los paganos se volvían hacia Oriente para orar y los cristianos los imitaron; los judíos no observaban este rito, ya que es hacia el Templo donde ellos debían dirigir la mirada. Los autores de la Edad Media comentaron con frecuencia este tema de oriente, en particular Richard de Saint-Victor que escribirá:  "En Oriente, recibimos el conocimiento(5)." Cuando Isolda reza, se gira hacia Oriente. El himno de las Laudes del día de Navidad hace alusión "al punto en donde el sol sale".



      La iglesia oriental poseía antiguamente un vano por encima del altar, para que el sol naciente iluminara el santuario. En la iglesia románica  la luz del día cae a través de una vidriera sobre el altar.

Traducción: Javier Pelaz

*"Initiation à la symbolique romane". M.M. Davy. Flamarion. Paris 1977

(1) !Investigaciones sobre le simbolismo funerario de los romanos", Fr. Cumony. Paris 1942, p. 39
(2) "Textos y movimientos", Fr. Cumont. Paris, 1899, p. 356
(3) "Saint Augustine. The Lord´s on the Mount", p. 198. Cf. J. Jepson. Westminster, 1948.
(4) De sermone Domini in monte. Lib. II,  cap. V
(5) Benjamin Major, III, VII