viernes, 24 de enero de 2014

COLEGIATA DE SAN MARTÍN DE ELINES: UNA APROXIMACIÓN A SU HISTORIA



 

PROLOGO

    En el frondoso valle de Valderredible por donde discurre el Ebro y en su extremo más oriental encontramos la más antigua colegiata Románica de Cantabria, rodeada de un silencioso valle verde, autentico remanso de paz.

    La zona de mayor densidad de iglesias románicas, corresponde a la zona de Campóo y Valderredible que junto con el norte de Palencia y Burgos forman uno de los núcleos de aglomeración de monumentos más relevantes de Europa.

    La colegiata de San Martin de Elines es desde 1931 monumento Histórico Artístico Nacional y junto con la de Santillana, Cervatos y Castañeda, el mejor exponente del Románico en Cantabria.
 
                  

    En el s.X, de la Alta Edad Media, la zona ya era conocida como Val de Ripa Hibre, en castellano antiguo, Valle a orilla  del rio Ebro, de donde deriva su nombre actual y nos indica que toda la zona está unida al rio Ebro y a sus posibilidades de comunicación.

    No existiendo Cartulario (Copia de seguridad de la época), ni documentación propia conservada, es muy difícil conocer su historia y la de toda la comarca donde ejerció su dominio.

    Pero el propósito al exponer el devenir histórico de la colegiata, es averiguar los hechos y procesos que ocurrieron y se desarrollaron en el pasado e interpretarlos.

 HISTORIA

   Los vestigios más antiguos del valle  son los grabados y pinturas rupestres (esquemático-abstractas) del pueblo de Ruanales en el término de Cuvular y que pertenecen a la edad del Bronce.

   Durante la Edad del Hierro se consolida el pueblo de los cántabros, que eran los habitantes de Cant-Iber (las montañas del Ebro) y vivían en los actuales valles de Campóo y Valderredible, y  perviven  hasta después de la Romanización, que en estas tierras es tardía y limitada, aunque hubo asentamientos. Podemos citar la quinta tardo-romana del s.IV de la era cristiana que se descubrió debajo de la necrópolis medieval de Santa María de Hito.

 
 
    Pero el dominio efectivo del territorio cántabro por parte de Roma se manifestó en la construcción de una serie de vías (calzadas y puertos), que pusieron en contacto a todo el territorio con el resto de la península y el Imperio.

   Tras la caída del Imperio Romano, las invasiones de alanos, vándalos y suevos pasaron por  estas tierras cántabras,  pero no dejaron testimonios de importancia.

   Es la monarquía visigótica quien introducirá cambios políticos, pues en el siglo VI,  como predijo san Millán, el rey Leovigildo conquista Amaya, capital de los cántabros y enclavada en peña Amaya, en el noroeste de la provincia de Burgos. Poco después se constituye el ducado de Cantabria (rey Ervigio (680-687), si bien, aparece documentado en el año 883 en la crónica Albeldense o Emilianense al hablar de Alfonso I como hijo del duque Pedro de Cantabria. Así, el antiguo territorio de la Cantabria Romana, con pequeñas diferencias en sus límites conformó el Ducado de Cantabria.

    La invasión musulmana en el 711 provocó el descalabro de la monarquía visigoda. El duque  Pedro, según todas las crónicas, fue el caudillo principal de Cantabria y bajo su suprema autoridad debieron unirse los diferentes clanes que contienen, por el sur del territorio, los ataques de los moros.

   La invasión fue detenida tras las batallas de Covadonga y Cosgaya (cortando la retirada a los moros fugitivos de Covadonga) con el caudillo Pelayo y el duque Pedro como cabecillas, con lo que Cantabria se convierte en uno de los pilares de la reconquista y tras el matrimonio  de Ermesinda, hija de Pelayo, y Alfonso, hijo del duque Pedro y designado rey como Alfonso I el católico,  en el origen de la monarquía actual.

    Entre los siglos VIII Y XII había en los reinos del norte una economía familiar basada en el trigo y la oveja. Así, la Reconquista, que se inicia en esas montañas, son expediciones que emprenden los reyes asturianos, leoneses y castellanos contra los musulmanes y que tenían una doble finalidad económica y política: intentaban proteger los caminos y los  pastos del ganado y llevar hombres y dinero hacia el norte, de lo que estaban tan necesitados.
 
                                                     Vista desde el claustro

    Se desarrolla en los primeros siglos,  un arte de repoblación, con la llegada de cristianos procedentes de tierras conquistadas por el Islam, que se establecieron en asentamientos provisionales y precarios, utilizando las cuevas y convirtiéndolas en lugares de culto.

   En un primer momento fabrican sus iglesias excavándolas en las rocas areniscas para aprovechar el mimetismo de las mismas con el paisaje, evitando que pudieran ser destruidas o quemadas. De esta manera, nos encontramos, hoy en día, unos interesantes lugares de culto,  las  iglesias rupestres escavadas en la roca, que servían de ermitas o primitivos cenobios: Arroyuelos, Santa María de Valverde, Cadalso...

   En el siglo X este valle debía estar bastante poblado  a juzgar por la abundancia de núcleos de población, ermitas rupestres, enterramientos excavados en la roca y restos cerámicos encontrados.

   Otras iglesias representativas de la arquitectura de repoblación son las construidas en torno al s.X, que presentan claras influencias del arte islámico unido al asturiano, visigodo y carolingio y de las que han llegado  hasta nuestros días un porcentaje mínimo de lo que debió ser

  El descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago en Galicia atrajo peregrinaciones y tuvo una creciente popularidad en parte, también,  por la estrecha relación con la reconquista de la España musulmana. Los peregrinos llegaban a Compostela a través de Francia, siguiendo itinerarios que les permitían ver otras famosas reliquias, como el cuerpo de San Martin en Tours o el de San Remigio en Reims.
 
                                Sarcófago del caballero peregrino en el claustro

   La colegiata de San Martin de Elines debió de ser un monasterio que ya ejercía su misión durante el siglo X, época de los restos mozárabes encontrados y quizás se fundaría con la llegada de unos monjes peregrinos que trajeron una imagen de San Martin de Tours y levantaron una ermita de estilo mozárabe o de repoblación, pues los artesanos constructores venían de tierras más al sur y que con el tiempo se convirtió en un cenobio protegido por los concejos, la nobleza local o los reyes.

   La situación histórica de la región durante los siglos XI, XII, XII en los que el románico nace y evoluciona y los distintos poderes que se entremezclan y conviven: rey, nobleza, monasterios, concejos, hacen muy variables y diversos los distintos monumentos que nos encontramos, pese a la unidad existente en la utilización de procedimientos arquitectónicos y decorativos, ya que la circulación de monjes, peregrinos, cruzados, artesanos y arquitectos contribuyó a la difusión de las técnicas, estilos y simbologías cuyo denominador común era siempre la fe cristiana.

   El arte románico se desarrolla preferentemente en las iglesias rurales (gracias a que los concejos están muy establecidos en estas tierras) y en los  monasterios.

   La iglesia románica de San Martín de Elines, que se conserva en su totalidad, es un edificio que se levanta al hundirse el viejo monasterio mozárabe en 1102 tal como nos dice el documento que fray Fray Francisco de Berganza (1663-1738) copia en su historia del monasterio de Cardeña: Era de CXL ruita ecclesia Santi Martini de Helines.

   Los años en que comienza la construcción del nuevo monasterio corresponden con los últimos años de reinado de Alfonso VI y continúa en el reinado de su hija, la reina, doña Urraca. Y será un monasterio benedictino.

   En Europa las invasiones de los siglos IX y X habían terminado, el clima se suavizó y las cosechas más abundantes causaron una  mejora en el nivel de vida. El papado había reafirmado su autoridad con una serie de reformas encaminadas a desvincular la Iglesia del poder de los soberanos, se introdujo el celibato para los sacerdotes desposeyéndoles así de cualquier ambición dinástica, y la fundación de la abadía benedictina de Cluny fue otro paso importante, pues le obedecían directamente a él.

   Los abades de Cluny inspiraron la reforma de otras órdenes religiosas y fundaron monasterios y prioratos en diferentes reinos que dependían directamente de Cluny y por tanto del papado.

   El rey, Alfonso VI de Castilla contribuyó a la reconstrucción de la abadía de Cluny en señal de agradecimiento a Dios por la liberación de Toledo de los moros en 1085.
 
                              Detalle de uno de los capiteles de la San Martín de Elines

    En los reinos de España al llegar el siglo XII se produjo una importante trasformación con la aparición de la burguesía urbana y Castilla se convierte en el principal exportador de lana y el país Vasco y Cantabria en sus puertos más internacionales. Esto supuso más riqueza para toda la zona.

    Se levanta, por tanto,  en el siglo XII un monasterio benedictino del que solo ha sobrevivido la iglesia y que fue importante y  tuvo una gran influencia espiritual, cultural y económica y seguramente recibió donaciones de la nobleza y los reyes.
     En este monasterio, según apuntó en 1920 Miguel Artigas, se escribió el libro “La miseria del omme” a finales del s. XIII, por un monje anónimo. Este es un poema castellano del Mester de Clerecía y uno de los pocos conservados escritos en cuaderna vía y del cual existe un único ejemplar perteneciente a la biblioteca Menéndez y Pelayo.

     Algo debió suceder para que en el s XIII  los monjes benedictinos abandonaran el monasterio igual que sucedió en las otras colegiatas de Cantabria. ¿Qué sucedió? Pudiera ser que alguna parte del edificio se derrumbara o quizás influyera que la Reconquista se desplazara más al sur y la misión de estos monjes repoblar y cristianizar les llevó hacia los nuevos territorios ganados al Islam. Igualmente, pudo influir  que conforme los territorios del sur recuperan la paz, el camino de Santiago por el norte cedió poco a poco  protagonismo y durante siglos apenas fue utilizado

     Cualquiera que fuera la causa, el hecho es que abandonan el lugar y poco después lo ocupa la orden de los Canónigos Agustinos regulares y empieza a funcionar como colegiata(1).

     A partir de ese momento la decadencia es progresiva, a pesar de que los canónigos cumplen con su cometido.

     En el siglo XIV el rey, Alfonso XI, concedió a su hijo natural, Tello Alfonso de Castilla, los realengos de las merindades de Aguilar que habían tenido su difunto hermano, Pedro de Aguilar y Liébana y que abarcaban territorios de la provincia de Cantabria, Palencia y Burgos, cediéndole también la colegiata de Castañeda.

  




                                              Cabecera de San Martín de Elines

    Tello Alfonso (1337-1370) es el primer señor de Aguilar de Campoo y Lara y de éste por herencia les llega a la familia Manrique (marqueses de Aguilar de Campoo).
    Y no es descabellado suponer que también le cediera su padre o su hermano el rey, Enrique de Trastamara, otras colegiatas y dominios como San Martin de Elines o quizás fueran los Reyes Católicos quienes la cediera a sus descendientes cuando les conceden el titulo de marqueses de Aguilar.
     En el siglo XVI está en manos del III marques de Aguilar, Juan Fernández Manrique, embajador de Carlos V  en la Santa Sede y personaje importante de su corte, que fue virrey de Cataluña y era patrón y mecenas de San Martín de Elines y de otras colegiatas.

     En 1541, el marqués suprime las colegiatas de Castañeda, de San Martin de Elines y otras, empobreciéndolas en beneficio de una de nueva creación en Aguilar de Campoo (hoy parroquia de San Miguel) por donde pasaba el Camino de Santiago  Francés.

    ¿Por qué lo hizo? Quizá influyera en él querer favorecer la villa que daba nombre a su marquesado, y no nos olvidemos de las económicas.
                                           Escudo del Marquesado de Aguilar
 

    La Peste Negra se cebó en el país a mediados del s.XIV y produjo una gravísima depresión hasta el siglo XV. A partir de entonces la población fue recuperándose alcanzando un notable aumento en el s. XVI y el incremento afectó sobre todo a ciudades castellanas y andaluzas que son las que participan en el descubrimiento de América.

    Por otra parte, el eje del comercio y exportación de la lana que había hasta entonces: Medina - los Puertos Vascos y Cántabros - Amberes; fue sustituido por el de Barcelona - Génova, lo que significó la ruina de muchas ciudades de Castilla la Vieja y Cantabria y dejó el valle de Valderredible lejos de las principales vías de poder económico y, por tanto, de la riqueza.

 
EPILOGO

 La colegiata de San Martin de Elines ha estado olvidada durante cuatrocientos años,  su ultimo abad fue el primero de la de Aguilar de Campóo. A pesar de todo, la Colegiata siguió regida por párrocos hasta 1892.

Ahora es parroquia del pueblo y sigue con el cometido que tuvo siendo monasterio benedictino: lugar sagrado para el culto de una comunidad cristiana.

Durante todo el tiempo que estuvo relegada e ignorada su edificio se resintió de ello, pero para su bien tampoco sufrió alteraciones importantes.

Con su descubrimiento como joya del Románico, esperemos que su historia abarque muchos siglos más.
Texto: Maite Martinez. Santander
Fotos: Javi Pelaz

Bibliografía: 

J. Vicens Vives, "Historia económica de España", 1972

Bertín López Gutierrez, "La Colegiata de San Martín de Elines".

Joise Ramón Sáiz, "El Ducado de Cantabria". 2ª ed. 2002. 
Valentín Vázquez de Prada. "Historia Económica Mundial".

Mary Hollingsworth, "El arte en la historia del hombre", 1991
Arte en Cantabria: "Guía de recursos culturales".

 
Webgrafia:  Vaderredible, Arteguias
(1) Las colegiatas  son iglesias colegiales, que sin ser sede de obispo tienen abad, canónigos y liturgia catedralicia.
                
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario