Desde el pueblo
burgalés de Valdelateja, parte un empinado camino de herradura bastante duro
para los no iniciados en patear este tipo
de calzadas. A medida que se asciende, la frondosa vegetación impide
contemplar la espectacular angostura del valle del río Rudrón, antes de que éste
entregue sus aguas a su hermano mayor, el Ebro, a pocos metros de la localidad
referida. Aunque sólo sea kilómetro y medio de subida, el trayecto se eterniza
por la dificultad de caminar, en algunos tramos, por un pedregal.
Cuando al final
de la ascensión el camino se nivela aparecen por doquier los casares de las antiguas
viviendas, cubiertos por la maleza, de la ya desaparecida aldea de Siero. Los
vecinos renunciaron a seguir habitando el lugar de sus ancestros a partir del
año 1914, por su espinosa orografía y, sobremanera, por no sufrir más los
largos y gélidos inviernos. Según el filólogo, J. Corominas, el topónimo, Siero, proviene del término latino sidereum, que significa “tierra fría y
escabrosa”.
Ermita prerrománica de Santa Céntola y Santa Elena |
Una senda de
hierba hollada por los senderistas bordea los arruinados muros de la que fue su
iglesia parroquial, permaneciendo aún en pie el hastial frontal y el ábside, que ha
sido restaurado y protegido por un nuevo tejado a cuatro aguas. Adosado al muro norte aparece el recinto perimetral
del cementerio donde todavía entierran a sus familiares los vecinos de
Valdelateja por carece de uno. Cuenta una lugareña que ya no se realizan
enterramientos, sino que se incineran a los difuntos por la dificultad que
conlleva transportar a hombros el féretro hasta el camposanto.
Los últimos
metros hasta alcanzar la cumbre de la peña “El Castro”, resultan fatigosos, tanto
por su dureza como por la elevada inclinación del terreno, siendo un verdadero
escarpe. Todo el esfuerzo merece la pena sólo por contemplar la espléndida
panorámica que se otea desde la vertiginosa cima: el inicio de los Cañones del Ebro y el final
del impresionante congosto surcado por el Rudrón.
Ventana en el hastial este |
En el centro de
la reducida cresta circular se erige la ermita bajo la advocación de las santas
mártires Céntola y Elena. Cuenta la leyenda que en el siglo III Céntola, una
joven cristiana, por no abjurar de su religión, sufrió amputaciones de su
cuerpo, pero milagrosamente resistió a los tormentos ante el prefecto romano.
Su amiga, Elena, que lo presenció intentó darle ánimos. Ante esa situación de
hermandad cristiana el romano ordenó decapitar a las dos. Sus cuerpos fueron
arrojados por el acantilado. Más tarde gentes del lugar recogieron los restos y
construyeron en lo alto de la peña un pequeño templo para enterrarlos. Las
veneradas reliquias permanecieron en el templo hasta el año 1317, al ser
trasladadas a la catedral de Burgos por mandato del obispo.
Entorno de la ermita |
La ermita es de
reducidas dimensiones, como suele ser este tipo de construcción. Consta de una
nave rectangular y un ábside cuadrado más estrecho. La pequeña fábrica está
construida en mampuesto de piedra toba y con sillares en los esquinales. Una techumbre
de madera y teja curva cubre el edificio. En el hastial occidental se halla la
puerta, que carece de interés, y sobre ella se eleva un campanil. Lo más
interesante del exterior se encuentra en el hastial oriental. En el centro del
muro se empotra una ventana enmarcada con sillares. Su cabezal es de arco de
herradura del tipo de Cabeza de Griego, al igual que las que se contemplan en
uno de los muros del claustro de la colegiata de San Martín de Elines y en el
Conventín de Valdediós, pertenecientes al periodo visigótico tardío. En el
dintel del referido vano, que hace la vez de alfil, aparecen los nombres de: FREDENANDUS ET GUTINA; y el año de: DCCC. Ornan la inscripción dos cruces
patadas con los símbolos colgantes de Alfa y Omega; y un árbol de cinco ramas
con sus frutos.
Interior de la ermita |
En su interior bancos
corridos de piedra recorren adosados a los muros laterales de la nave. A cada lado de las paredes de separación de la
nave con el altar se abre una cavidad, a modo de credencia. Un arco de
herradura de tradición visigótica da acceso al santuario.
Comentario
Ateniéndose
–siempre en el terreno de las hipótesis- a los elementos arquitectónicos que
configuran la actual fábrica: el arco de herradura y la referida ventana- no
sería aventurado deducir que en época tardovisigoda se edificara en la cima de
la peña un espacio litúrgico para cobijar posiblemente las reliquias de Céntola
y Elena.
Si nos atenemos,
además, a la datación que figura en la ventana: año 762 –según el calendario
gregoriano-; y a las dos cruces patadas con sus correspondientes símbolos
propias del arte asturiano (similares a la Cruz de los Ángeles), la ermita se
reconstruiría durante la repoblación de estos lugares con norteños transmontanos
del incipiente reino asturiano, figurando como promotores Fredenando y Gutina.
Texto y fotografías: Javier
Pelaz
Bibliografía:
Javier Sainz Saiz. "Arte Prerrománico en Castilla y León". Ediciones LANCIA. León 2006
Joan Corominas. "Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana". 1954
Claudio Sánchez Albornoz. "Orígenes de la Nación Española. El Reino de Asturias". SARPE, 1985.Madrid
Leí tu articulo, muy interesante, sobre la ermita bastante desconocida de santos Centola y Elena y veo que aun hoy en día se puede hacer exploraciones en España tipo Indiana Jones. Como todo el prerromanico es un monumento enigmático y incluso engañoso, y así que hago el comentario siguiente, que puedes incorporar en el blog si quieres.
ResponderEliminarLa inscripción es complicada de interpretar como guía lógica para determinar la fecha de fundación o restauración. La fecha figura, bastante borrada o corregida, como E[RA DCCC]XV. o sea 777, pero la decoración de la planta vegetal no es de esta época sino, por su semejanza a motivos y técnica empleados en los capiteles del portico sur de San Salvador de Valdedios (y otros de estilo orientalizante del arte de la reconquista o mozárabe) de finales del siglo IX, como también son los datos históricos sobre los promotores, que apuntan a una fecha de aproximadamente 870, según Kingsley’s tesis doctoral y el análisis estilistico de Caballero. También difícilmente puede existir una inscripción que no es de la realeza de una fecha tan temprano y hay que tener en cuenta que Burgos fue reestablecida en 884.
Fuertes abrazos
Michael